Entendiendo a nuestro sistema nervioso...nuestro piloto automático

14.05.2017 18:28

Entendiendo a nuestro sistema nervioso.

 

1.- Funcionamiento del sistema nervioso autónomo (SNA).

Simplificando mucho, podríamos definir al SNA como un sistema reflejo que genera la “Mente” que controla nuestro cuerpo, cerebro, y todo nuestro ser, manteniendo el equilibrio interno (homeostasis) sin la participación consciente de nuestra “mente” racional voluntaria y pensante.

Este sistema autónomo reflejo consta de dos ramas: los sistemas nerviosos simpático y parasimpático.

1.1.- El sistema nervioso simpático (SNS)

Se encarga de movilizar los recursos energéticos del sistema para preparar y activar al cuerpo para huir o luchar ante emergencias inminentes, incrementando nuestro nivel de conciencia y la disposición para la acción física. La activación del SNS tiene lugar por dos vías independientes, pero que interactúan entre sí por procesos de retroalimentación:

La vía rápida, respuesta neurológica o vía adrenérgica

Todo el proceso que se explica a continuación sucede de forma instantánea.

El SNA se activa en respuesta a algo real o imaginario de nuestro entorno (choque) captado por nuestros órganos sensitivos, nuestra imaginación o nuestra habilidad de anticipación.

La información llega a la zona límbica del cerebro llamada hipotálamo, en la amígdala se compara la información recibida con sus bancos de memoria de sucesos del pasado, recuerdos propios o incluso heredados de nuestros ancestros, que de alguna forma supusieron alguna vez peligro para la supervivencia.

Si la información recibida es reconocida como peligrosa se envía automáticamente una señal de alarma a la neurohipófisis que a su vez envía el mensaje a través de la médula espinal y los nervios espinales hasta las glándulas suprarrenales (que liberan adrenalina) y los ganglios simpáticos (que liberan noradrenalina).

La adrenalina y noradrenalina liberados inundan la circulación sanguínea para permitir al cuerpo encontrar soluciones energéticas para resolver el conflicto, provocando una serie de efectos:

-  cardiovasculares: aumento del ritmo cardíaco y de la presión arterial.

-  respiratorios: aumento del ritmo respiratorio, dilatación de los bronquios y aumento de los intercambios gaseosos.

-  metabólicos: glicogenolisis hepática y muscular (la glucosa entra en las células gracias a la liberación de insulina por el páncreas que es sobreestimulado; la glándula tiroidea, al liberar sus hormonas permite un buen nivel de combustión de glucosa en la célula), lipolisis a nivel de los adipocitos.

-  cerebrales: activación de los circuitos noradrenérgicos que aumentan la vigilancia pero también el “rumiaje” mental y el insomnio.

-  disminución del peristaltismo intestinal.

 

Después, al ir tomando conciencia de lo sucedido (esa aparición repentina de una serpiente que tanto nos alarmó ha resultado ser un trozo de cuerda) el impacto se relativizará, reduciéndose lenta y progresivamente los niveles de mediadores y hormonas, retornando al estado de homeostasis inicial. Si por el contrario, seguimos sintiéndonos superados por las consecuencias reales o imaginarias del impacto estresor, volveremos a experimentar nuevos episodios adrenalínicos que provocarán una serie de trastornos o síntomas característicos del “estrés agudo”:

-  Agresividad, angustia, insomnio

-  Disminución de la concentración, confusión

-  Trastornos digestivos (diarrea)

-  Trastornos neuromusculares

-  Hipersensibilidad

-  Trastornos sexuales

-  Hipertensión arterial, taquicardias, arritmias.

La vía lenta, respuesta química o vía cortisólica

Esta vía puede tardar minutos o incluso horas en producirse, pero permite al organismo hallar soluciones de manera progresiva.

El choque o conflicto provoca en la zona límbica del cerebro ciertas emociones derivadas de experiencias anteriores como miedo, aversión, falta de confianza, etc, que provocan la síntesis por el hipotálamo de la hormona liberadora de corticotropina (CRH), la cual entrega un mensaje químico a la adenohipófisis para que ésta sintetice la hormona adrenocorticotropa (ACTH), que se dirige, vía circulación sanguínea, hacia las glándulas suprarrenales donde estimula la secreción de glucocorticoides como el cortisol.

La vía lenta activa los sistemas nerviosos y hormonales entre otros con el fin de mantener un nivel glucémico óptimo y estable (la homeostasis sube a un nivel de mayor gasto energético). La glucosa es el carburante de las neuronas, manteniendo a raya los límites de la fatiga y un alto nivel de vigilancia. En esta reacción de adaptación se produce cortisol en exceso, lo que favorece la producción de glúcidos a partir de las reservas de proteínas y grasas.

Una demanda continuada de este mecanismo de adaptación desembocará en una situación de “estrés crónico” donde el incremento constante de cortisol en el organismo acabará intoxicándolo y agotándolo, apareciendo una serie de síntomas característicos:

-  Fatiga crónica y pasividad (los corticoides estimulan el sistema inhibidor de la acción, reduciendo la liberación de hormonas tiroideas, originando apatía y docilidad).

-  Aumento de peso

-  Trastornos digestivos (úlcera, colitis)

-  Trastornos cutáneos (eczema)

-  Debilidad inmunitaria

-  Diabetes, hipoglucemia

-  Colesterol, trastornos cardiovasculares.

1.2.- El sistema nervioso parasimpático.

Al contrario que el sistema simpático, el parasimpático opera a través de los nervios craneales ralentizando las respuestas del cuerpo: disminuye el ritmo cardíaco y la presión arterial, reduce el ritmo respiratorio, activa nuestro sistema inmunológico, prepara nuestro organismo para el descanso y la digestión, conservando la energía para las funciones de reparación y desarrollo. Este sistema se activa al 100% durante la fase de sueño profundo sin sueños.

En situaciones normales, las células de nuestro organismo emplean un 90% de su energía en actividades metabólicas dirigidas a la renovación, reparación o creación de nuevos tejidos. Sin embargo, en situaciones de estrés, esto cambia drásticamente dedicándose el sistema a tratar de enviar cantidades masivas de energía a los músculos, desactivándose el SNP en favor del SNS.